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Campi: “La creatividad me salvó de casi todas”

@perez_daro

Un día como Germán Martitegui, al siguiente como El Turco García, luego como Dolli Irigoyen y en otra ocasión como Roberto Moldavsky. Martín Campilongo, “Campi” para todos, siempre es un personaje nuevo, porque se alimenta del presente y la realidad para crear. Se llama a sí mismo un “artesano” de sus personajes, porque está hasta en el último detalle. Paradójicamente, se toma el humor en serio, y en charla con DiarioShow.com habla de sus caricaturas y cómo llegó a hacer uno de los comediantes más originales del país.

“En orden dentro del desorden”, responde al hablar de cómo pasa sus días de cuarentena. Y la frase no podría ser mejor para resumir un poco su trabajo. Como si cada día jugara a ser el Doctor Frankenstein con una criatura distinta, Campi organiza todo en su taller, desde una peluca, una máscara, una prótesis y un look hasta una composición humorística de personalidad y el libreto de algún sujeto que servirá para generar una especie de caos voluntario que genere risas.

Con El Turco García, ¡igualitos!

“No tengo contabilizados los personajes que tengo. Pienso en Noticampi, que hice dos años, yo hacía tres distintos por día. En un año, cinco días hábiles, son un montón. Y los demás que hice en todos los programas en los que trabajé”, dice sobre lo inconmensurable de su lista. Luego aclara que su capacidad para inventar algo nuevo todos los días en realidad surge de la obligación. “Todo lo que surge lo hago porque tengo que pagar cuatro colegios. Es necesidad ante todo”, explica entre risas. Y como hay que pagar tantas facturas, el próximo sábado 28 a las 20 el actor hará por streaming “Campi en cuarentena”.

Campi: “Cuando estaba en el under, no tenía plata para hacerme peluca. Me encintaba la cabeza con cinta adhesiva y me pegaba barba de choclo”.

HACERSE DE ABAJO

Más allá del chiste, la génesis de su habilidad tiene que ver con esto: “Cuando estaba en el under, hace mucho tiempo, no tenía plata para hacerme peluca. Me encintaba la cabeza con cinta adhesiva y me pegaba barba de choclo. Así fue mi primera peluca. Siempre por necesidad, y una forma de ir al frente con lo que sea. La necesidad te lleva a lugares espantosos o a lugares novedosos y creativos. La creatividad para sobrevivir siempre está en un cajón. Hay que saber abrirlo, porque te salva. A mí me salvó de casi todas. De todo lo que es salvable por dos motivos: la ponés adelante de todo y te entregás a ella y también por poder transformarla en un medio de vida, y poner un plato de comida en la mesa”.

Aunque desde que empezó a tener éxito como humorista de “VideoMatch” podría haber elegido un camino más fácil, con otra gente ayudándolo en la caracterización, Martín nunca pudo verlo de esa forma: “Yo laburo en látex, los maquillajes los hago yo, las pelucas también. Lo concibo como parte de mi laburo, no algo extra. A mí me divierte hacer desde cero el personaje. Es mi estilo. Como un plato, hay que hacer una tarta, y hago la masa, el relleno y el condimento”.

Si bien arrancó con un estilo rústico, comenzó a evolucionar y hoy es un experto: “Hoy podría dar clases de maquillaje. Yo empecé hace treinta años con Fastix para hacerme prótesis, hoy laburo en acrílico las dentaduras, en látex, moldes, contramolde, pelo natural, sé mucho del tema. Me fui perfeccionando y soy un apasionado del tema. Soy un artesano de mis personajes. De todo el laburo actoral, del texto, de la peluca, de la línea de pensamiento, del chiste, de la ropa. Y hago caricaturas, no es una imitación, que es algo parecido a un retrato. No hago copias perfectas en general”.

Se siente artesano pero no imitador, y es algo relacionado con otra de sus facetas: “Es un término implementado por mí para referirme a mi forma de representar el humor. Yo soy dibujante, laburé de eso muchos años, y me es muy clara la comparación. Al Turco García le hice una nariz más grotesca que la que tiene, a Lizy Tagliani le exagero el maquillaje y entro con ojotas en vez de tacos. Ese estilo me permite el grotesco, que es lo que me divierte a mí. Y para servirle al humor es mucho más bienvenida la caricatura”.

Aunque el día a día sea de caricaturas, reconoce que ha hecho, desde un lugar más formal, imitaciones: “Hice a Tato Bores, Mercedes Sosa, ahí afinás el lápiz. Ellos necesitaron otro cuidado, porque es gente que ya no está y porque pertenecen a nuestra argentinidad. Hice al Polaco Goyeneche, a Facundo Cabral, son personajes que nos determinan como argentinos. Y son personas que no están. Me gustó hacerlos para mantener viva la memoria. Yo tengo mucho público joven, algunos muy chicos, y al verme hacer un personaje del que no tienen idea, lo guglean y con suerte y un poco de apertura se enamoran de ellos como me enamoré yo de cada uno que nombré. Entonces seguimos vivos, pensá que un árbol sin raíces no te aguanta una tormenta. Lo mío es regar esas raíces”.

Por D.P.

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